domingo, 2 de agosto de 2015

RELATOS DE VERANO 2015. TEXTOS AMIGOS: Taste (la Cata), de Roald Dahl




Presentación

.....Hay libros que caen en tus manos de la forma más inesperada, casi adrede, como si en vez de caer se lanzasen sobre ti, como si te estuviesen esperando, agazapados, dispuestos a abalanzársete a tu paso. Bien es cierto que si uno se adentra en un río lo más lógico es que resulte mojado. Después de todo el librito en cuestión me asaltó en una biblioteca no en una carnicería, ni en un bosque, ni en ningún otro lugar impropio para un libro (aunque hoy en día, con esto de las cadenas de libros compartidos, uno puede hallarlos casi casi en cualquier parte). Es lo que tiene visitar esos templos del conocimiento, donde se puede conocer de primera mano a muchos insignes creadores que allí, poco menos que inmortales, esperan pacientemente tus manos, tus ojos, tu mente y, ¿por qué no?, también tu corazón. 
.....Este, La Cata, de Roald Dahl, es uno de esos libros (ha habido varios de ellos en mi vida que han seguido esta depredadora estrategia). Publicado por primera vez en el número de Marzo de 1945, de la revista Ladies Home Journal, y reeditado en el número de diciembre de 1951 del New Yorker, aparecería por primera vez formando parte ya de un libro en una colección titulada como otro de sus cuentos: Someone Like You, en 1953. En 1971 sería incluido en la famosa colección de relatos cortos Tales of the Unexpected (1979) —Relatos de lo Inesperado—, llevados a la televisión, como serie, en Gran Bretaña, entre 1979 y 1988. De aquí se ha extraído la cuidada versión castellana, editada por Nørdicalibros (2014), traducida muy acertadamente por Íñigo Jáuregui e ilustrada espléndidamente por Iban Barrenetxea, que es la que, al desgaire, que no a traición, me ha salido al paso.
.....Roald Dahl, para quien no lo conozca así, por el nombre, es el autor de inolvidables títulos de literatura juvenil llevados felizmente al cine. Entre ellos: Charlie y la fábrica de chocolate (dos versiones: en 1971 y 2005), Matilda (1996), James y el melocotón gigante (1996) o Fantástico Sr. Fox (2009). Además, a su pluma se deben los guiones del film musical Chity Chity Bang Bang (1968), a partir de una novela original de Ian Fleming, el creador de James Bond; y de Sólo se vive dos veces (1967), la quinta y última entrega del famoso agente 007 en la que intervino el actor Sean Connery. Como escritor de relatos de ficción para adultos hay quien lo ha comparado —creo que con excesivo entusiasmo— con Poe y Hawthorne, por su capacidad e imaginación para lo sutilmente macabro y el humor negro, siempre con finales en que la sorpresa es el distintivo; publicados originalmente en revistas norteamericanas como Play Boy, Harper's o New Yorker, Alfred Hitchcock (Alfred Hitchcock presenta) y Quentin Tarantino (Four Rooms) llevaron alguno de ellos al cine (Smoker o The Man of the South).

.....Como hombre proclive, en general, al sensual sibaritismo (sea cual sea el sentido halagado) y, en particular, afecto al mundo de los vinos (cuanto más excelentes mejor, aunque no desprecio ni al más humilde mosto, siempre que haya sido elaborado con acierto, cariño y esmero), no podía sino dejarme atrapar por tan sugerente título y tan sugestiva ilustración de portada —que también tiene su gancho. Me zambullí, pues, en él lleno de curiosidad y expectativas, y emergí media hora después plenamente satisfecho: las expectativas no fueron defraudardas y la inmersión fue un puro deleite, ya que, además de ser un relato redondo en su planteamiento, desarrollo y desenlace, se describe con tanto rigor, acierto y belleza el acto de la cata, que no puedo por menos que asegurar que allí se ofrece la mejor cata descriptivo-deductiva —en el ámbito divulgativo, no profesional— que yo haya leído, escuchado o visto nunca. Si tenemos en cuenta, por ende, que el relato se escribió en 1945, y dado que en él se realiza tal despliegue de modernidad en sus términos, puedo asegurar que el resultado es simplemente prodigioso. 
.....A medida que lo leía me recordaba un excelente manual que poseo desde hace bastantes años (al menos quince): una guía de cata de Michael Broadbent, crítico inglés de vinos, degustador experimentado, Master of Wine y Director de Ventas del departamento de vinos de la famosa casa de subastas Christie's durante años, en la que indica cómo realizar una cata deductiva. No podía creer que estuviese asistiendo a una descripción tan ejemplar y modélica del proceso indicado por Mr Broadbent en las páginas que se deslizaban ante mis ojos como un buen burdeos lo podría hacer por mi garganta. Nada como un buen escritor para realizar de forma tan genial un acto tan litúrgico y sensual como es el de una cata de un buen vino. La ambientación y descripción de los personajes, y sus actitudes a medida que se desarrolla la acción, es magistral, vívida y muy gráfica. El final, soberbio. Una pura delicia. Tanta, que no he podido sino trasladarlo, como texto amigo, al blog. 

.....Tras su lectura y mi determinación de subirlo a la bitácora, realicé la pertinente tarea de documentación. Como suelo hacer, siempre que se trata de textos traducidos del original (en inglés o francés, sobre todo), consulto varias versiones, si las hay. En el presente caso y  a pesar de que la lectura de esta versión de Nørdicalibros me ha parecido muy acertada, no me acababa de convencer del todo. He encontrado en internet una versión (repetida en varias páginas webs distintas, que la replicaban) incluida en la colección Relatos de lo inesperado (Tales of Unexpected), que me ha parecido horrenda, tanto por las libertades tomadas en general como por la falta de exactitud en los términos elegidos a la hora de traducir un texto tan específico y sensualmente sugestivo. Mucho mejor es la del libro por mí leído, traducido, como ya he apuntado antes, acertadamente del original por Íñigo Jáuregui. Aún así he preferido realizar mi propia versión por ajustarme más al tema, dada mi cercanía privilegiada con el mundo del vino.
.....Así pues, basándome en el original, en inglés, me he tomado el gusto de realizar mi propia traducción, siempre con el objetivo de ser lo menos traidor posible al espíritu de la letra y al cuerpo de la letra misma. Al hacerlo, obviamente, he consultado de reojo las versiones en mi poder, adoptando una u otra, cuando coincidían con mi interpretación, pero desestimándolas cuando creía que diferían de lo que yo creo que el señor Dahl realmente dice en su obra.
.....Las excelentes y divertidas ilustraciones que acompañan el texto son las de Iban Barrenetxea para Nørdicalibros. Espero que sepa disculpar su inclusión aquí (al fin y al cabo no hago sino publicitarlas y darlas a conocer, no aprovechándome de ellas para obtener ningún beneficio, salvo el del placer de su búsqueda, formateado y adicción al blog). Adjunto al final enlace a su página web.
.....Tampoco cumplo con menos que recomendar la adquisición de esta cuidada y bella edición de La Cata (con tapas Cartoné y papel Gardapat), para lo que también adjunto al final el enlace a la editorial.




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TASTE

(LA CATA)

.....Éramos seis cenando aquella noche en la casa de Mike Schofield en Londres: Mike con su esposa e hija, mi esposa y yo, y un hombre llamado Richard Pratt.
.....Richard Pratt era un famoso gourmet, presidente de una pequeña sociedad gastronómica conocida por Los Epicúreos, que distribuía cada mes a todos sus miembros un folleto sobre comida y vinos. Organizaba comidas en las cuales eran servidos platos opíparos y vinos raros. No fumaba por terror a dañar su paladar, y cuando discutía sobre un vino tenía la costumbre, curiosa y un tanto rara, de referirse a éste como si se tratara de un ser viviente. «Un vino prudente —decía—, un poco tímido y evasivo, pero prudente al fin.» O bien, «un vino alegre, generoso y chispeante. Ligeramente obsceno, quizá, pero, en cualquier caso, alegre».


.....Yo había coincidido en casa de Mike dos veces con Richard Pratt anteriormente. En ambas ocasiones, Mike y su esposa se habían esmerado en preparar una comida especial para el famoso gourmet y, naturalmente, esta vez no iban a hacer una excepción. En cuanto entramos en el comedor me di cuenta de que la mesa estaba preparada para una fiesta. Los grandes candelabros, las rosas amarillas, la numerosa vajilla de plata, las tres copas de vino para cada persona, y, sobre todo, el suave olor a carne asada que venía de la cocina, hicieron que mi boca comenzara a segregar saliva.
.....Al sentarnos recordé que, en las dos anteriores visitas de Richard Pratt, Mike había apostado con él acerca del burdeos, desafiándole a que acertara el nombre de la bodega y el año de la cosecha. Pratt replicaba que eso no sería difícil para él, siempre y cuando se tratara de una excelente cosecha. Entonces Mike apostaba con él una caja del vino en cuestión si no lo hacía. Pratt había aceptado y ganado en ambas ocasiones. Esta noche yo estaba seguro de que se volvería a apostar otra vez, pues Mike estaría dispuesto a perder la apuesta con tal de probar que su vino era lo suficientemente bueno como para ser reconocido, y Pratt, por su parte, parecía sentir un solemne y contenido placer al hacer ostentación de sus conocimientos.
 .....La comida empezó con un plato de crujientes boquerones fritos en mantequilla, y para acompañarlos un vino de Mosela. Mike se levantó y lo sirvió él mismo, y cuando volvió a sentarse me di cuenta de que observaba atentamente a Richard Pratt. Había dejado la botella frente a mí para que pudiera leer la etiqueta. Esta decía: «Geirslay Ohligsberg, 1945». Se inclinó hacia mí y me dijo que Geirslay era un pueblecito a orillas del Mosela, casi desconocido fuera de Alemania. Me dijo que este vino que íbamos a beber era algo extraordinario, pues la producción de los viñedos era tan pequeña que para un extranjero resultaba prácticamente imposible conseguirlo. El había visitado personalmente Geirslay el verano anterior con el propósito de conseguir unas pocas botellas que finalmente consintieron en venderle.


.....—Dudo que alguien más lo tenga en el país en este momento —dijo, mientras miraba de reojo a Richard Pratt—. Una gran virtud del Mosela —continuó, levantando la voz—  es que es el vino más adecuado para servir antes del burdeos. Mucha gente sirve vino del Rin en su lugar, pero lo hacen porque no conocen nada más apropiado. Un vino del Rin mata el bouquet de un delicado burdeos. ¿Lo sabíais? Es una barbaridad servir un Rin antes de un burdeos. Pero el Mosela... ¡Ah! ¡El Mosela es lo más correcto!
.....Mike Schofield era un hombre de mediana edad, muy agradable. Pero era agente de Bolsa. Para ser exacto, era un especulador del Mercado de Valores y, como muchos de su clase, parecía estar en cierto modo abochornado, casi avergonzado, de haber hecho tanto dinero con tan poco talento. En su fuero interno sabía que realmente no era sino un corredor de apuestas —un empalagoso, infinitamente respetable y secretamente inmoral corredor de apuestas—, y él sabía que sus amigos también lo sabían. Por eso quería convertirse en un hombre de cultura, cultivar un gusto literario y artístico, coleccionando cuadros, música, libros y todo lo demás. Su pequeña disertación acerca de los vinos del Rin y del Mosela formaba parte de eso, la cultura a la que él aspiraba.
.....—Un encantador vinito, ¿no creéis? —dijo, sin dejar de mirar a Richard Pratt. Yo le veía echar rápidas y furtivas miradas a la mesa cada vez que agachaba la cabeza para tomar un bocado de boquerones. Casi podía sentirle esperando el momento en que Pratt tomara su primer sorbo y levantara la vista de la copa con una sonrisa de placer, de asombro, incluso de admiración, y entonces se suscitaría una discusión en la cual Mike podría hablarle del pueblo de Geirslay.
.....Pero Richard Pratt no probó su vino. Estaba completamente enfrascado en una conversación con Louise, la hija de dieciocho años de Mike. Estaba vuelto hacia ella, sonriéndole, contándole, por lo que pude entender a distancia, alguna historia sobre un chef de un restaurante de París. Mientras hablaba, inclinándose, se iba acercando cada vez más hacia Louise. Parecía que en su entusiasmo acabaría echándose encima de ella, y la pobre chica retrocedía lo máximo que podía, asintiendo cortésmente, o más bien desesperadamente, y mirándole no a la cara sino al botón superior de su smoking.


.....Terminamos el pescado y la sirvienta empezó a retirar los platos. Cuando llegó a Pratt y vio que no había tocado su comida siquiera, dudó unos instantes. Entonces Pratt advirtió su presencia, la apartó, interrumpió su conversación y empezó a comer rápidamente, metiéndose el pescado en la boca con hábiles y nerviosos movimientos del tenedor. Cuando terminó, cogió su vaso y en dos tragos se echó el vino al coleto para continuar en seguida su interrumpida conversación con Louise Schofield.
.....Mike lo vio todo. Estaba sentado, muy quieto, conteniéndose y mirando a su invitado. Su cara, redonda y jovial, pareció ceder a un impulso repentino, pero se contuvo y no pronunció palabra.
.....Pronto la sirvienta se presentó con el segundo plato. Este consistía en un gran rosbif. Lo colocó en la mesa delante de Mike, quien se levantó y empezó a trincharlo, cortando las lonchas muy delgadas y poniéndolas delicadamente en los platos para que la sirvienta las fuera distribuyendo. Cuando hubo servido a todos, incluyéndose a sí mismo, dejó el cuchillo y se inclinó hacia adelante apoyando las manos en el borde de la mesa.
.....—Bueno —dijo, dirigiéndose a todos, pero sin dejar de mirar a Richard—, ahora el burdeos. Perdonadme, pero tengo que ir a buscarlo
.....—¿Vas a buscarlo tú, Mike? —dije yo—. ¿Dónde está?
.....—En mi estudio. Descorchado, respirando.
.....—¿Por qué en el estudio?
.....—Para que adquiera la temperatura ambiente, por supuesto. Lleva allí veinticuatro horas.
.....—Pero ¿por qué en el estudio?
.....—Es el mejor sitio de la casa. Richard me ayudó a escogerlo la última vez que estuvo aquí.
.....Al oír su nombre Richard nos miró.
.....—Es cierto ¿no es así? —dijo Mike.
.....—Sí —dijo Pratt, asintiendo gravemente—. Es verdad.
.....—Encima del archivo verde de mi estudio —dijo Mike—. Ese fue el lugar que escogimos. Un buen lugar libre de corrientes de aire en una habitación con temperatura constante. Excusadme ahora un momento, por favor, voy a buscarlo.
.....El pensamiento de un nuevo vino con el que apostar le devolvió el humor y dirigióse rápidamente a la puerta para regresar un minuto más tarde, despacio, solemnemente, llevando entre sus manos una cesta donde había una botella oscura. La etiqueta estaba fuera de la vista, mirando hacia abajo.
.....—Bueno —gritó, viniendo hacia la mesa—. ¿Y éste, Richard? Este no lo adivinarás nunca.
.....Richard Pratt se volvió lentamente y miró a Mike; luego sus ojos descendieron hasta la botella metida en la cesta y levantó las cejas, formando un ligero arco superciliar sobre la frente, al tiempo que echaba hacia adelante el humedecido labio inferior con un gesto imperioso y desagradable.


.....—Nunca lo adivinarás —repitió Mike—; ni en cien años.
.....—¿Un burdeos? —preguntó Richard, condescendiente.
.....—Naturalmente.
.....—Supongo, entonces, que procederá de alguno de los más pequeños viñedos.
.....—Puede que sí, Richard, y puede que no.
.....—Pero ¿es de un buen año? ¿Una de las grandes cosechas?
.....—Sí, eso lo garantizo.
.....—Entonces no puede ser demasiado difícil —dijo Richard Pratt, arrastrando las palabras, pareciendo sumamente aburrido. Sólo que, para mí, había algo extraño en su languidez y su hastío: en sus ojos había la sombra de algo diabólico, y en su actitud un ansia que me provocó una cierta inquietud al observarlo.
.....—Esta vez es realmente difícil —dijo Mike—. No deseo obligarte a postar por este vino.
.....—No me digas ¿Y por qué no? —De nuevo el lento arqueamiento de las cejas. La fría e intensa mirada.
.....—Porque es difícil.
.....—Eso no es muy halagador para mí.
.....—Mi querido amigo —dijo Mike—, apostaré con gusto contigo si así lo deseas.
.....—No debería ser tan difícil descubrirlo.
.....—¿Significa eso que vas a apostar?
.....—Estoy completamente dispuesto a apostar —dijo Pratt.
.....—Muy bien, entonces apostaremos lo acostumbrado: una caja del mismo vino.
.....—Piensas que no seré capaz de adivinarlo, ¿verdad?
.....—En realidad, y con el debido respeto, no lo creo —dijo Mike, esforzándose por mantenerse amable. Pero Pratt no se molestó mucho en ocultar su desdén por todo el asunto. Sin embargo, su pregunta siguiente reveló un cierto interés.
.....—¿Quieres aumentar la apuesta?
.....—No, Richard, una caja es suficiente
.....—¿Querrías apostar cincuenta cajas?
.....—Eso sería absurdo.

.....Mike se quedó quieto detrás de su silla en la cabecera de la mesa, sosteniendo cuidadosamente la botella embutida en su ridícula cesta. Un rastro de palidez asomó ahora alrededor de las ventanas de su nariz, mientras su boca permanecía cerrada con los labios apretados.
.....Pratt estaba recostado en el respaldo de su silla, mirándole, con las cejas levantadas, los ojos medio cerrados y una ligera sonrisa en la comisura de sus labios. Y de nuevo vi, o creí ver, algo distintivamente inquietante en la cara de aquel hombre, aquella sombra de ansiedad en sus ojos, y en ellos, justo en el centro donde muestran su negrura, una pequeña chispa de astucia oculta.
.....—Entonces, ¿no quieres subir la apuesta?
.....—En lo que a mí respecta, viejo amigo, no tengo inconveniente —dijo Mike—; apostaré lo que quieras.
.....Las tres mujeres y yo permanecimos callados, mirando a los dos hombres. La esposa de Mike empezaba a sentirse incómoda; su boca se contraía en un mohín de disgusto y me pareció que en cualquier momento iba a interrumpirles. Nuestro rosbif estaba intacto en los platos, humeando ligeramente.
.....—Entonces, ¿apostaremos lo que yo quiera?
.....—Ya te lo he dicho. Apostaré contigo lo que te dé la real gana, si es eso lo que te preocupa.
.....—¿Hasta diez mil libras?
.....—Desde luego, si así lo deseas. Mike iba ganando confianza por momentos. Sabía ciertamente que podía igualar la apuesta de cualquier suma que Pratt mencionara.
.....—Entonces, ¿me dices que puedo elegir la apuesta? —preguntó Pratt otra vez.
.....—Eso es lo que he dicho.
.....Hubo una pausa en la cual Pratt miró detenidamente alrededor de la mesa, primero a mí y luego a las tres mujeres sucesivamente. Parecía querer recordarnos que éramos testigos de la oferta.
.....—¡Mike! —dijo la señora Schofield—, ¿por qué no nos dejamos de tonterías y comemos nuestra comida? La carne se está enfriando.
.....—No es ninguna tontería —dijo Pratt tranquilamente—; estamos haciendo una pequeña apuesta.
.....Distinguí a la sirvienta en segundo término con una fuente de verdura en las manos, dudando entre seguir adelante con ella o no.
.....—Muy bien, entonces —dijo Pratt—, te diré qué es lo que quiero apostarte.
.....—Adelante, pues —le respondió Mike de forma imprudente—, no me importa lo que quiera que sea.


.....Pratt volvió la cabeza, y nuevamente una pequeña sonrisa apareció en la comisura de sus labios, y luego, muy lentamente, mirando a Mike todo el tiempo, dijo:
.....—Quiero que apuestes la mano de tu hija.
.....Louise Schofield dio un respingo en la silla.
.....—¡Eh! —gritó—. ¡No, esto no tiene gracia! Oye, papá, no tiene ninguna gracia.
.....—No te preocupes, querida —la tranquilizó su madre—; sólo están jugando.
.....—No bromeo —dijo Richard Pratt.
.....—¡Esto es ridículo! —exclamó Mike, perdiendo también la calma.
.....—Has dicho que apostara lo que quisiera.
.....—¡Yo he querido decir dinero!
.....—No has dicho dinero.
.....—Eso es lo que he querido decir.
.....—Pues es una lástima que no lo hayas dicho. De todas formas, si te arrepientes de tu oferta, no tengo inconveniente.
.....—No es cuestión de retirar mi oferta, amigo mío. Esta no es una apuesta, de ninguna manera, ya que tu no puedes igualar la apuesta. Sucede que tú no tienes una hija que aportar en el caso de que pierdas, y aunque la tuvieras, yo no querría casarme con ella.
.....—Me alegra oírte decir eso, querido —intervino su esposa.
.....—Puedo aportar lo que quieras —anunció Pratt—. Mi casa, por ejemplo, ¿qué te parece mi casa?
.....—¿Cuál de ellas? —preguntó Mike, bromeando.
.....—La de campo.
.....—¿Por qué no la otra, también?
.....—De acuerdo, entonces; si así lo quieres, mis dos casas.
.....Llegados a este punto, vi dudar a Mike. Dio un paso adelante y colocó la botella con su cesta suavemente sobre la mesa. Puso el salero a un lado, luego hizo lo mismo con la pimienta. Seguidamente cogió un cuchillo y durante unos segundos examinó pensativamente la hoja, colocándolo luego en su sitio otra vez. Su hija también le vio vacilar.
.....—Vamos, papá —gritó—. ¡No seas absurdo! Esto es una soberana tontería. Me niego a que me apostéis de este modo.
.....—Tienes mucha razón, nena —dijo su madre—. Ya está bien, Mike. Siéntate y come.
.....Mike no le hizo ningún caso. Miró a su hija y sonrió. Una lenta, paternal y protectora sonrisa. Pero sus ojos, súbitamente, brillaron en señal de triunfo.
.....—¿Sabes? —le dijo, sonriendo mientras hablaba—. ¿Sabes, Louise?, debemos pensarlo.
.....—Bueno. ¡Ya está bien, papá! ¡Me niego siquiera a escucharte! ¡En mi vida he oído nada tan ridículo!
.....—No, en serio, querida. Espera un momento y escucha lo que voy a decirte.
.....—¡No quiero oírlo!
.....—¡Louise, por favor! Se trata de lo siguiente: aquí Richard nos ha hecho una apuesta seria. Él es quien quiere hacerla, no yo. Y si pierde, tendrá que entregar sus valiosas propiedades. Ahora bien, espera un momento, querida, no interrumpas, la cuestión es ésta: él no tiene posibilidad de ganar.
.....—El parece pensar que sí.
.....—Bueno, escúchame, porque yo sé de lo que hablo. El experto, cuando cata un burdeos —siempre y cuando no sea uno de los más famosos como Laffite o Latour—, sólo puede dar un nombre aproximado del viñedo. Por supuesto, él puede decirte el distrito de Burdeos de donde procede el vino, si se trata de St. Emilion, Pomerol, Graves o Médoc. Pero cada distrito tiene varias comarcas, pequeños municipios, y cada municipio tiene muchos, muchos, pequeños viñedos. Es imposible para un hombre diferenciarlos solamente por el gusto y el aroma. No me importa decirte que éste que tengo aquí es vino de un pequeño viñedo rodeado de muchos otros pequeños viñedos, y nunca podrá adivinarlo. Es imposible.
.....—No puedes estar seguro de ello —dijo su hija.
.....—Yo te digo que sí. Aunque no esté bien por mi parte el decirlo, entiendo bastante de vinos, ¿sabes?, y de todos modos, ¡por el amor del cielo!, niña, soy tu padre y supongo que no pensarás que te voy a obligar a algo que no quieres, ¿verdad? Estoy tratando de hacerte ganar dinero.
.....—¡Mike! —dijo su mujer bruscamente—. ¡Para ya, Mike, por favor!
.....De nuevo pareció ignorarla.
.....—Si consientes en esta apuesta —él dijo a su hija— en diez minutos serás propietaria de dos grandes casas.
.....—Pero yo no quiero dos casas, papá.
.....—Entonces se las vendes. Vuelve a vendérselas a él inmediatamente. Yo lo arreglaré todo. Así que piénsalo, querida. Serás rica, serás independiente para el resto de tu vida.
.....—¡Oh, papá, no me gusta esto! Me parece estúpido.
.....—A mí también —dijo la madre. Y al hablar, sacudía la cabeza arriba y abajo como una gallina—. Deberías avergonzarte de ti mismo, Michael, por sugerir una cosa así. ¡Llegar a apostar a tu propia hija!
.....Mike ni siquiera la miró.
.....—¡Aceptalo! —dijo con impaciencia, mirando fijamente a la chica—. ¡Acéptalo, rápido! Te garantizo que no perderás.
.....—No me gusta esto, papá.
.....—Vamos, nena, ¡acéptalo!
.....Mike la presionaba firmemente. Estaba inclinado hacia ella, mirándola fijamente con sus dos ojos duros y brillantes. No era fácil para la hija resistirse.
.....—¿Y si pierdo? —dijo con voz ahogada.
.....—Te repito que no puedes perder, te lo garantizo.
.....—¡Oh, papá! ¿Debo hacerlo?
.....—Te voy a hacer ganar una fortuna. Así que, vamos. ¿Qué dices, Louise? ¿De acuerdo?
.....Por última vez, ella dudó. Luego, se encogió de hombros desesperadamente y dijo:
.....—Bien, acepto, siempre que me jures que no hay peligro de perder.
.....—¡Estupendo! —exclamó Mike—. Eso está bien. Entonces apostamos.
.....—¡Bien! —dijo Richard Pratt, mirando a la chica—. Apostamos.


.....Inmediatamente, Mike cogió el vino, vertió unas gotas en su propia copa y luego se desplazó con entusiasmo alrededor de la mesa llenando las copas de los demás. Ahora todos miraban a Richard Pratt, observando su rostro mientras él cogía su copa con la mano derecha y se la llevaba lentamente a la nariz. Era un hombre de unos cincuenta años y su rostro no era muy agradable. De alguna manera, era todo boca —boca y labios—, esos labios gruesos y húmedos del sibarita profesional, con el labio inferior más saliente en el centro, el labio colgante y permanentemente abierto de un degustador dispuesto a recibir el borde de una copa o un bocado de comida. Como un embudo, pensé yo al observarle: su boca es un embudo grande y húmedo.
  .....Lentamente, levantó la copa hacia la nariz. La punta de la nariz se metió en el vaso, y se deslizó por la superficie del vino, husmeando con delicadeza. Agitó el vino en su copa, para poder percibir mejor el bouquet. Parecía intensamente concentrado. Había cerrado los ojos, y la mitad superior de su cuerpo, la cabeza, cuello y pecho parecían haberse convertido en una sensitiva máquina de oler, recibiendo, filtrando, analizando el mensaje de la olfateante nariz.
.....Me di cuenta que Mike estaba apoltronado en su silla, aparentemente despreocupado, pero atento a todos los movimientos. La señora Schofield, su esposa, estaba sentada muy erguida en el otro extremo de la mesa, mirando de frente, con tenso gesto de desaprobación en el rostro. Louise había separado un poco la silla, volviéndola hacia el gourmet, al que miraba, como su padre, atentamente.
.....Durante al menos un minuto el proceso olfativo continuó; luego, sin abrir los ojos ni mover la cabeza, Pratt bajó la copa hacia su boca y vertió en ella casi la mitad de su contenido. Se paró con la boca llena de vino, recibiendo la primera impresión, luego permitió que una pequeña cantidad se deslizara por su garganta y pude ver su nuez de Adán moverse al paso del líquido. Pero la mayor parte lo retuvo en la boca. Entonces, sin tragar de nuevo, aspiró a través de sus labios un poco de aire que mezclándose con los vapores del vino en su boca pasó luego a sus pulmones. Contuvo la respiración, expulsando luego el aire por la nariz, y finalmente comenzó a pasar el vino bajo la lengua y lo masticó, masticándolo realmente con sus dientes, como si fuera pan.
.....Fue una representación solemne e impresionante, debo confesar que lo hizo muy bien.
.....—¡Hum! —dijo, bajando la copa y pasando la punta de la lengua por sus labios— ¡Hum!, sí..., un vinito muy interesante, amable y gracioso, casi femenino en el postgusto.
.....Tenía saliva en exceso en la boca y al hablar escupió ocasionalmente algunas gotas de ella sobre la mesa.
.....—Ahora empezaremos a eliminar —dijo—, me perdonaréis si lo hago concienzudamente, pero hay mucho en juego. Normalmente, quizá me hubiera arriesgado y hubiera saltado directamente aterrizando en medio del viñedo de mi elección. Pero esta vez... debo actuar con cautela esta vez, ¿debería hacerlo, no?
.....Miró a Mike y le dedicó una espesa y húmeda sonrisa. Mike no le devolvió la sonrisa.
.....—En primer lugar: ¿de qué distrito de Burdeos procede este vino? No es demasiado difícil de adivinar. Es excesivamente ligero de cuerpo para ser de St. Emilion o Graves. Desde luego, es un Médoc, no cabe duda.
.....»Veamos, ¿de qué comarca de Médoc procede? Esto, por eliminación, tampoco es difícil de saber. ¿Margaux? No. No puede ser Margaux, no tiene el violento bouquet de un Margaux. ¿Pauillac? Tampoco puede ser Pauillac, es demasiado tierno, demasiado amable y melancólico para ser un Pauillac. El vino de Pauillac tiene un carácter casi imperioso en su gusto. Además, para mí, Pauillac contiene un fondo peculiar, un matiz polvoriento, que la uva toma del terruño del distrito. No, no. Este es un vino muy amable, recatado y tímido en la primera impresión. Emergiendo tímida pero dulcemente en la segunda. Un poco juguetón, quizás, en esta segunda impresión, y un poco travieso también, cosquilleando la lengua con una traza, sólo una traza de tanino. Después, en el postgusto, es delicioso, reconfortante y femenino, con la jovial y generosa calidad que uno asocia sólo a los vinos de la comarca de St. Julien. Inequívocamente, éste es un St. Julien.
.....Se respaldó en la silla, reteniendo sus manos a la altura del pecho y juntando cuidadosamente las yemas de los dedos. Resultaba ridículamente pomposo, pero creo que lo hacía de forma deliberada, simplemente para burlarse de su anfitrión. Me sorprendí a mí mismo esperando, más bien tenso, a que continuara. Louise iba a encender un cigarrillo. Pratt le oyó rascar el fósforo y se volvió súbitamente hacia ella realmente indignado:


.....—¡Por favor! —dijo— ¡Por favor, no hagas eso! Fumar en la mesa es un hábito repugnante.
.....Ella le miró, inmóvil, con el fósforo encendido en la mano, observándolo fijamente con sus grandes ojos, permaneciendo así un momento, y apartándolos de nuevo, de forma lenta y desdeñosa. Luego inclinó la cabeza y apagó el fósforo, pero continuó sosteniendo el cigarrillo, sin encender, entre los dedos.
.....—Lo siento, querida —dijo Pratt—, pero, simplemente, no puedo ver que se fume en la mesa.
.....Ella no le volvió a mirar.
.....—Bien, veamos. ¿Dónde estábamos? —dijo él—. ¡Ah, sí! Este vino es de Burdeos, de la comarca de St. Julien, en el distrito de Médoc. Hasta ahora voy bien. Pero llegamos a la parte más difícil: el nombre mismo del pago. Porque en St. Julien hay muchos viñedos y, como ya ha señalado nuestro anfitrión anteriormente, a menudo no hay mucha diferencia entre el vino de uno y de otro, pero ya veremos.
.....Hizo una pausa otra vez, cerrando los ojos.
.....—Estoy tratando de establecer su categoría* —dijo—, si consigo esto, tendré ganada la mitad de la batalla. Bien, veamos. Evidentemente, este vino no pertenece a un viñedo de primera categoría, ni tampoco de Segunda. No es un gran vino. La calidad, el..., la..., ¿cómo lo diría?: el esplendor, la potencia, es insuficiente. Pero uno de tercera categoría sí podría ser. Sin embargo, lo dudo. Sabemos que es de una buena añada —nuestro anfitrión lo ha dicho—, pero esto quizá sea equívocamente halagador. Tengo que ser prudente, muy prudente, en este punto.
.....Levantó la copa y dio otro pequeño sorbo.
.....—Sí —dijo, secándose los labios—, tenía razón, es de cuarta categoría, ahora estoy seguro. Un cuarta categoría de un año muy bueno, de una gran añada, de hecho. Eso es lo que le hace pasar en la cata por un tercera o incluso un segunda categoría. ¡Bien! ¡Esto está mejor! ¡Nos vamos acercando! ¿Cuáles son los viñedos de cuarta categoría de la comarca de St. Julien?
.....Volvió a pararse, tomó la copa y puso su borde contra su fofo y colgante labio inferior. Después vi la lengua salir disparada, estrecha y rosada, hasta introducir su punta en el vino, retirándola de nuevo con rapidez —un espectáculo repulsivo. Después bajó la copa, manteniendo los ojos cerrados y el rostro concentrado, sólo los labios se movían, restregándose uno contra otro como dos piezas de húmeda y esponjosa goma.


.....—¡Aquí está otra vez! —gritó—. Tanino en el medio-gusto y una repentina astringencia secando la superficie de la lengua. ¡Sí, sí, claro, ya lo tengo! El vino procede de una de esos pequeños viñedos de los alrededores de Beychevelle. Ahora recuerdo. El distrito de Beychevelle, el río, el pequeño puerto encenagado que las barcazas con vino no pueden utilizar. Beychevelle... ¿Puede ser realmente un Beychevelle? No, no lo creo. No exactamente, pero debe de ser algún lugar muy cerca de allí. ¿Château Talbot? ¿Podría ser Talbot? Sí, podría, esperad un momento.
.....Sorbió el vino de nuevo, y por el rabillo del ojo vi cómo Mike Schofield se iba inclinando cada vez  más sobre la mesa, con la boca entreabierta y sus ojos fijos en Richard Pratt.
.....—No. Estaba equivocado. No es un Talbot. Un Talbot se manifiesta más rápido que éste; la fruta está más cerca de la superficie. Si es un «34», como creo que es, no puede ser Talbot. Bueno, bueno. Dejarme pensar. No es un Beychevelle y tampoco un Talbot, y sin embargo está tan cerca de ambos, tan cerca que el viñedo debe de estar casi en medio. ¿Cuál podría ser?
.....Él dudó, y nosotros esperamos, observando su rostro. Todos, hasta la esposa de Mike, le mirábamos ahora. Oí a la sirvienta poner el plato de verduras en el aparador, detrás de mí, suavemente, para no perturbar el silencio.
.....—¡Ah! —gritó—, ¡ya lo tengo! ¡Sí, creo que lo tengo!
.....Por última vez probó el vino. Luego, manteniendo aún la copa cerca de la boca, se volvió hacia Mike y le sonrió, una lenta y sedosa sonrisa, diciéndole:
.....—¿Sabes lo que es? Este es el pequeño Château Branaire-Ducru**.
.....Mike quedó pasmado, inmóvil.
.....—Y del año 1934.
.....Todos miramos a Mike, esperando a que girase la botella en el cesto y mostrara la etiqueta.
.....—¿Es ésa tu respuesta final? —dijo Mike.
.....—Sí, creo que sí.
.....—Bueno. ¿Es o no es la respuesta final?
.....—Sí, lo es.
.....—¿Me quieres decir su nombre de nuevo?
.....—Château Branaire-Ducru. Un precioso y pequeño viñedo, con un encantador y viejo castillo. Lo conozco bastante bien. No comprendo cómo no lo he reconocido enseguida.
.....—Vamos, papá —dijo la chica—, vuelve la botella y echemos un vistazo. Quiero mis dos casas.
.....—Un momento —dijo Mike—, espera sólo un momento —se fue quedando como petrificado, con mirada de desconcierto, mientras su rostro comenzaba palidecer como si toda el vigor le abandonara lentamente.
.....—¡Michael!—exclamó bruscamente su esposa desde la otra parte de la mesa—. ¿Qué pasa?
.....—Mantente al margen de esto, Margaret, por favor.
.....Richard Pratt estaba mirando a Mike, sonriendo con su boca y con sus ojos pequeños y brilllantes. Mike no miraba a nadie.
.....—¡Papá! —gritó la hija angustiada—. ¡Pero, Papá, no me digas que significa que lo ha adivinado!
..... —No te preocupes, querida. No hay nada por lo que preocuparse.
.....Supongo que fue más por desembarazarse de la familia que por otra cosa por lo que Mike se volvió hacia Richard Pratt para decirle:
.....—Tengo que hablarte, Richard. Creo que tú y yo deberíamos escabullirnos al cuarto contiguo para tener una pequeña charla.
.....—No quiero tener una pequeña charla—dijo Pratt, fríamente—. Todo lo que quiero es ver la etiqueta de la botella.
.....Ahora sabía que había ganado; tenía la actitud y la tranquila arrogancia del ganador, y me di cuenta de que estaba preparado para mostrarse desagradable si había algún problema.
.....—¿Qué estás esperando? —le dijo a Mike—. ¡Vamos, dale la vuelta!
.....Entonces ocurrió: la sirvienta, la pequeña y tiesa figura de la sirvienta de uniforme blanco y negro, estaba de pie al lado de Richard Pratt sosteniendo algo en la mano.


.....—Creo que son suyas, señor —dijo.
.....Pratt miró a su alrededor, vio las gafas de concha fina que ella sostenía ante él y dudó un momento:
.....—¿Lo son?, quizás lo sean, no lo sé.
.....—Sí, señor, son las suyas —la doncella era una mujer mayor, más cerca de los setenta que de los sesenta, una fiel sirvienta de la familia desde hacía muchos años. Puso las gafas en la mesa, al lado de él.
.....Sin darle las gracias, Pratt las cogió y las deslizó en el bolsillo superior de la chaqueta, detrás del pañuelo blanco.
.....Pero la sirvienta no se retiró. Se quedó de pie, al lado y ligeramente detrás de Richard Pratt. Había algo tan raro en ella y en la manera de permanecer allí, pequeña, tiesa y sin moverse, que por mi parte la observaba con un súbito temor. Su viejo rostro gris tenía una mirada fría y determinada, los labios apretados, la pequeña barbilla hacia afuera y las manos entrelazadas delante de ella. El curioso gorro sobre su cabeza y el destello de la blanca pechera del uniforme la hacían parecerse a un pequeño y aturdido pajarito de pecho blanco.
.....—Las ha dejado en el estudio de Mr Schoffield —dijo. Su voz era extraña y deliberadamente cortés—, encima del fichero verde del estudio, señor, cuando ha ido allí, por su cuenta, antes de la cena.
.....Transcurrieron unos momentos hasta que el pleno sentido de estas palabras penetró en los presentes, y en el silencio que siguió a ellas me fijé en Mike y cómo lentamente se arrellanaba en su silla, volviéndole el color a las mejillas, con los ojos muy abiertos, una extraña curva en su boca y la peligrosa línea de blancura que comenzaba a extenderse alrededor de las aletas de la nariz.
.....—¡Bueno, Michael! —dijo su esposa—. ¡Tranquilízate, Michael, querido, tranquilízate!

* El término original en inglés, growth, sería más propio traducirlo como cosecha, pero dado que este concepto puede dar lugar a equívocos, ya que "cosecha", en castellano, es un término muy genérico que alude a la recolección de los frutos —vendimia, en el caso particular de la uva—, y que suele utilizarse en el argot del mundo del vino para señalar la añada del viñedo más que su categoría, y dado que el autor se refiere aquí a lo que los franceses denominan Cru (que implica más bien la categoría del pago o viñedo, en una clasificación de los vinos de Burdeos que data de 1855, y que los dividió en cinco Crus, o categorías), me ha parecido más propio utilizar el término "categoría" (como lo traduce Íñigo Jáuregi, en la versión castellana consultada) que el de "cosecha". (Nota del traductor y gestor del blog)

** El vino a que hace referencia el autor, Château Branaire-Ducru es uno de los diez Quatrième Cru Classé (cuarta categoría en el texto) que figuran en esa lista (lo mismo que figuran los otros dos, vecinos a éste, citados por Pratt, Château Beychevelle y Château Talbot, en su admirable, aunque tramposa, cata deductiva). (Nota del traductor y gestor del blog).


ENLACES DE INTERÉS

Château Branaire-Ducru (en la Wikipedia, en francés)
Château Branaire-Ducru (enlace al sitio de la bodega; en francés)
Nørdicalibros (página web de la editorial con la ficha de libro)
Iban Barrenetxea (página web del dibujante)


miércoles, 29 de julio de 2015

Bronwyn, el Imposible Absoluto - GALERÍA: John Roddam-Spencer Stanhope





Un nombre estaba escrito sobre el agua,
fue dicho desde el agua, Bronwyn,
entre cienos y miedo a los abismos
bajo las grandes aves transparentes.
Con Bronwyn. Juan Eduardo Cirlot


Bronwyn, el Imposible Absoluto

.....Debe de ser el verano, su carga ociosa y desinhibida, ese tiempo de nonchalance en que la imaginación vuela más ligera que en ninguna otra época: el aire caliente la promueve y avala; estación dada al sopor y la ensoñación, propicia a la siesta del fauno... En verano Juan Eduardo Cirlot vio por primera vez a Bronwyn, fue en 1966, en Barcelona. Quizás el escritor, amante de lo medieval, coleccionista de espadas de época, se metiera en el cine de forma distraídamente intencionada. Y la sorpresa fue mayúscula, pues tras la apariencia de un film de serie B, honesto y aseado, se topó con todo un universo simbólico que él conocía bien y que estaba allí soberbiamente retratado: la religión y el paganismo, el Dios único y los dioses naturales, el combatiente cristianismo y la tradición céltica adoradora del árbol y la piedra; pero sobre todo se topó con algo que no esperaba: la mujer, y el amor irradiando de ella; un amor que lo acabaría iluminando durante años.

.....La película, El señor de la guerra (The War Lord, Franklin J. Schaffner, 1965), basada en la exitosa The Lovers, obra de teatro de Leslie Stevens, efectivamente, recrea el ambiente medieval del siglo XI con suma pulcritud y adecuación, tanto en lo formal —ambientación, vestuario, atrezzo— como en el contenido significativo —guión, diálogos, costumbres. Es la época en que el cristianismo lucha por llevar su doctrina y su fe a unas culturas aún imbuidas de creencias animistas, fundadas en las fuerzas naturales, a las que aquél tachara sin ambages de demoníacas. Si bien, en ocasiones, los encargados de catequizar a los paganos incurren en ciertos, más o menos inocentes, deslices identitarios con éstos, en vez de utilizar el fuego —de la palabra incendiaria— y el azufre —del temor a Dios, bajo la amenaza del infierno— para lograr sus totalitarios fines evangelizadores. El film, como ya hiciera de forma más explícita la obra dramática, cuenta el fatal —por lo que tiene de inevitable hado— y transformador amor que surge de forma imprevista y ardiente entre el nuevo Señor llegado a una marca fronteriza de la Normandía oriental y una muy bella aldeana (pastora de puercos —en lo que podría ser una clara alusión a Circe) pronta a contraer nupcias con, como es previsible, otro aldeano. El Señor —Charlton Heston— y la aldeana —Rosemary Forsyth— vivirán este amor irrenunciable con toda la credibilidad que aportan unas muy ajustadas interpretaciones. El nuevo Amo de la aldea, que tiene por nombre un majestuoso y sonoro Crisagón de la Cruz, que llega como piadoso vasallo y valioso brazo armado del duque de Gante a tomar posesión de tan lejano dominio, acabará inmolando su fe en el más imperioso altar del amor. Incluso será capaz de poner en entredicho su honor por gustar las mieles de un panal demasiado apetitoso, demasiado vital e imprescindible. Nada en el film es excesivo, nada siquiera alcanza la sombra de lo melodramático; el rigor y la contención es la norma, y con ellos nos gana a quienes demandamos algo más que una historia bien contada: un estímulo, un acicate, una excitación.

.....Y eso fue lo que le supuso a este singularísimo intelectual, crítico literario y musical, poeta y compositor frustrado: una excitación que lo conmovió hasta los cimientos, como un intenso terremoto cuyas réplicas se extenderían a lo largo de los seis años siguientes, y cuyo resultado, lejos de ser devastador, fue inopinadamente fértil y creativo: dieciséis breves libros de poemas (un poema en sí, cada uno), donde la conmoción sufrida por el amor brotado de las aguas en la persona de Browyn —una náyade intemporal y extemporánea— intentaría expresarse a través de todos los registros de su, tan polifónico, sentimiento.
.....Cirlot concibió y experimentó este amor, esta cósmica experiencia sentimental, como un imposible absoluto: un amor total, más allá de los límites del tiempo y ajeno a su devenir, a ese su despiadado designio destructivo. Un amor imposible por definición, por cuanto al escapar de las garras del tiempo, el ser humano, que está prendido inevitablemente en ellas, no podrá seguirlo ni cumplirse en su seno, más que como proyección, como anhelo, como deseo, que se traducirá en un constante renacer, en un incesante tender hacia, en un infatigable recrear lo real para intentar acercarse a él, a ese absoluto que se persigue y por el que uno se siente subyugado (como le sucederá a Crisagón, que optará por soslayar su rígido y mortecino deber para vivir un jubiloso renacer en brazos de quien, al mismo tiempo, supondrá su muerte, la de aquél que fuera antes de conocerla).

.....Al final, en el film —y en la obra de teatro—, se sugiere una casi segura muerte de Crisagon, que tras gozar del amor durante unos venturosos y efímeramente eternos días, y tras una feroz lucha con los frisones (a resultas de la cual dará muerte accidentalmente a su propio hermano), decide volver a ser quien fue —porque nunca podrá dejar de ser él mismo: el hombre noble y de honor que sin duda es— y buscar el perdón del duque de Gante, momento en que será herido de muerte (con una hoz, símbolo druídico; como queriendo expresar la victoria de las fuerzas de la naturaleza y del paganismo tan caro al mundo dionisíaco —valga el salto cultural y sacro) por el celoso esposo aldeano de su imposible amor (al que matará, a su vez, el fiel Bors, escudero y guardaespaldas de Crisagon). Bronwyn, no obstante, quedará a salvo regresando a su arcadia boreal, encomendada por Crisagon a los frisones con los que acaba reconciliándose. El imposible absoluto seguirá siéndolo tras un breve disfrute de su posibilidad (que si breve, será ya eterna, por vivida, a pesar de la muerte). La historia, tan bellamente narrada, nos expresará la subyacente imposibilidad del ser humano por enajenarse del tiempo, que es quien nos construye y nos destruye, para vivir en un paradisíaco estado prohibido: el que identifica y define a los dioses. Espléndido final que no da concesiones al happy end y sí a la fatalidad trágica del héroe que se atreve a asaltar los cielos.

.....¿Cómo es posible que pueda surgir tan arrebatado amor (platónico, pero no sólo), en un hombre ya en la cincuentena, al contemplar a una actriz en la pantalla del cine? Porque no se trata del mero enamoriscamiento que cualquier fan siente por una determinada actriz. No es este el caso, a pesar de que muchos son los amores surgidos de esta virtual manera (y teniendo como protagonistas igualmente a maduros y cultos caballeros, que se presumía serios y graves). El caso de Cirlot, si no único, es extraordinario, pues en él coincidieron, como en una tormenta tormenta perfecta, varias causas coadyuvantes: el simbolismo, el gusto por lo medieval, la belleza y, por supuesto, un íntimo anhelo que esperaba la ocasión para manifestarse.
.....No existe amor más grande ni con mayor capacidad de crecimiento que el que se ofrece como imposible. Y si, además, ese imposible es tan imposible, tan puro y enajenador que se concibe como absoluto —pues fuera de él no hay nada, y dentro uno es capaz de hallarlo todo—, capaz por tanto de derrotar incluso al tiempo, que se experimenta fuera del tiempo, y que, precisamente, por esta condición, uno mismo, al experimentarlo, se coloca también fuera del tiempo, no es de extrañar que quien así lo goza/padece se vuelque en él, se sumerja en sus cálidas pero peligrosas aguas y no quiera salir de su vértigo. A Cirlot le duró ese vértigo siete años, y al cabo de ellos había dejado tras de sí su obra más densa e importante, más caleidoscópica, más original. Allí el hombre, pero el poeta; allí el enamorado, pero el enajenado; allí el lúcido, pero el loco (de amor); allí el conquistador de nuevos territorios (poéticos), pero el ratón de biblioteca.

.....Que yo sepa, y mi ignorancia no significa nada, pues es más lo que ignoro que lo que sé (huelga decirlo), no hay un caso igual en la historia de la literatura: que surja un amor tal entre el creador y un ente de ficción. Esto significa, entre otras cosas, que el universo Cirlot, pese a forjarse en los círculos de las vanguardias artísticas (sobre todo el surrealismo y el simbolismo), era eminentemente romántico. Esta historia de amor exhala un penetrante e intenso aroma Becqueriano, despide un fuerte perfume a Rilke, a Goethe, a Novalis; incluso posee matices propios de Poe: el amor imposible que crece y crece hasta adueñarse de la vida del enamorado, una vida que puede significar la muerte para los demás —la muerte de aquél que era antes de caer fatalmente hechizado—, pero que para el sujeto paciente de amor es la más intensa vida que imaginarse pueda (pues que al fin y al cabo acaece en terrenos de la imaginación). Mas una vida enajenada de lo común y cotidiano, una vida fundada más allá de lo convencional (y nada hay más convencional que el tiempo), donde las referencias son otras, las necesidades distintas (aunque todas ellas lo serán en función del amor, así como las diversas materias comburentes de una hoguera lo serán en función de la llama que alimentan).
.....El Imposible Absoluto cuando es manifestación del amor, cuando se experimenta como pasión romántica, es el concepto más poderoso con que el ser humano puede toparse, el más decisivo y determinante. Miles de versos son la confirmación a este aserto, miles de versos con los cuales Cirlot intentó abarcar ese superlativo sentimiento, ese continuo renacer que mientras amaba sentía. Un sentimiento que venía a establecer puentes entre sus yoes disgregados, reuniéndolos de forma prodigiosa en una red de sentido compartido. Lo más extraordinario de experimentar un amor así, es que su voluptuosa virulencia es capaz de restañar la herida primordial, esa que sentimos como individuos desgajados, partes de un todo del que hemos sido arrojados, y lo hace de forma tan vívida que coloca al venturoso privilegiado en la frontera de la inmortalidad.





Selección de Poemas del ciclo Bronwyn
J. E. Cirlot

A la que renace de las aguas

Las huellas de tus dedos
no se ven en las torres.

Pero yo leo sin descanso, en la soledad de la ermita junto al mar
los antiguos signos en donde tú estuviste hacia el año mil,
por los bosques, los pantanos, las ramas y las hojas, la arcilla pisada.

Dentro del corazón está la muerte
como una runa blanca de ceniza.

Acércate por el campo blanco o por el verde campo o por el campo negro, pero ven.

Detente ante la tumba
donde los dos estamos.

*

Este sonido triste que solloza
es mi espada románica que piensa.

Mi corazón oscuro la acompaña.

*

Yo soy un ser humano a pesar mío.

El espacio plateado de mi espíritu
penetra en el espacio gris del mundo.

¿Hasta cuándo?

*

Las hierbas son tan rubias como tú
lejos de la ceniza que me aleja
para siempre sin hierro.

La muerte es el pantano de las cruces,
Bronwyn.


Alucinante luz en que la luna
une la encina blanca desde el cieno
al cielo donde el hielo resplandece
azul en un silencio alucinado.
Bronwyn,
enciende la llanura con tu voz.

*

Que las orquestas ciegas del martirio
acaben con los bosques, y los fuegos
de este incendio final, sacramentario.

Bronwyn,
si no puedo ser tú, si no podemos ser ángel,
¿por qué la niebla es gris sobre el mar gris?

*

Piedras como rodillas tibias,
hierbas como cabellos rubios,
cielos como brazos de cielos.

Nace el amanecer como lo negro.
En las miradas siempre vuela el nunca.

*

Las ruinas de las runas en la roca
hablan de que yo estuve en este mundo,
donde el mar y la tierra de las nieblas
se funden y confunden.

La vida era una ausencia inagotable,
un laberinto de serpientes grises,
un pantano de rosas tenebrosas.


Toma mi oscuro anillo inmemorial.

Mi armadura deshecha se deshace
y de sus mallas muertas salen fuegos
azules, Bronwyn; puedo verlos, tiemblan.

Tiro el guante de hierro, soy tu siervo.
El mar que me acompaña por un mar
de sombra se deshace en el vacío.

Estoy cansado de estar muerto y ser.

.
*

Muerdo los sentimientos en el muérdago.
Mi espíritu está solo entre las hierbas.

Los demonios me buscan por los campos,
se disputan mi espada, mi armadura,
mis manos, mi cabeza, mis entrañas.

Mis hogueras de hierro se amontonan
y mis restos oscuros aún humean.

Me acaban de matar,
miro hacia donde vi tu aparición
hace mil años ya; pero la sangre
aún sale de mi boca.


*

Se acercan las doradas procesiones
que grabarán mi cuerpo en una losa.

Déjame contemplarte todavía,
mientras mis ojos cambian de función
convirtiéndose en música azulada.

Bronwyn, el horizonte es una casa:
(la imagen incendiada de una casa).



Nunca he tocado nada de lo que 
tú eres.

Estás como una idea en un instante 
puro.

Clara en tu firmamento de firmeza
blanca.

Desnuda Bronwyn, llámame, ya voy;
caigo.

.
*

Mensajera del más allá, tú vienes
con forma de mujer, pero el abismo
se cierne junto a ti tan dulcemente.

Bronwyn,
constelaciones pálidas esperan
en medio de otros cielos con tu luz.



Bronwyn, mi corazón,
si nunca has existido eres posible
porque la realidad es muerte viva.

Bronwyn, mi corazón,
tócame con tu nada y con tu nunca.

*

No siendo estás aquí junto a mi centro
de hierros desatados,
de distancias dispersas como el humo.

No siendo eres tan mía como yo.
Más mía, pues tu luz sobre mi niebla
vive.

*

Es tu dorada luz, aire lejano
lo que viene a los verdes arrecifes.

Dame la mano, Bronwyn, alejémonos
del mar.






THE WAR LORD

(EL SEÑOR DE LA GUERRA)

EEUU, 1965. 120 minutos
Director: Franklin J. Schaffner
Guión: John Collier y Millard Kaufman
Música: Jerome Moross
Fotografía: Russell Methy
Reparto: Charlton Heston (Crisagon de la Cruz), Rosemary Forsyth (Bronwyn)
Richard Boone (Bors), Guy Stockwell (Drago), Maurice Evans (sacerdote),
Nial MacGinnis (Odins), James Farentino (Marc), Henry Wilcoxon (príncipe frisón)
Productora: Universal Pictures






GALERÍA

John Roddam-Spencer Stanhope
1829-1908

OBRA

John Roddam Spencer Stanhope - Andromeda (1)
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John Roddam Spencer Stanhope - Andromeda (2)
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John Roddam Spencer Stanhope - Eve tempted (1)
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John Roddam Spencer Stanhope - Eve tempted (2)
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John Roddam Spencer Stanhope - Flora and the Zephyrs (1)
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John Roddam Spencer Stanhope - Flora and the Zephyrs (2)
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John Roddam Spencer Stanhope - The Birth of Venus (1)
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John Roddam Spencer Stanhope - The Birth of Venus (2)
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John Roddam Spencer Stanhope - The Birth of Venus (2)
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John Roddam Spencer Stanhope - Morgan le Fay
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John Roddam Spencer Stanhope - Our Lady of Watergate
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John Roddam Spencer Stanhope - Rispah, the Daughter of Aiah
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John Roddam Spencer Stanhope - Angel playing violin
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John Roddam Spencer Stanhope - Thoughts of the Past, 1859
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John Roddam Spencer Stanhope - Night, 1878
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John Roddam Spencer Stanhope - The angel Azazel
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John Roddam Spencer Stanhope - The Rescue
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John Roddam Spencer Stanhope - The Vision Of Ezekiel The Valley Of Dry Bones
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John Roddam Spencer Stanhope - Love Betrayed
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John Roddam Spencer Stanhope - Patience On a Monument Smiling at Grief
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John Roddam Spencer Stanhope - Penelope
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John Roddam Spencer Stanhope - The Charcoal Thieves
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John Roddam Spencer Stanhope - The Wine Press, 1864
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John Roddam Spencer Stanhope - Autumn
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John Roddam Spencer Stanhope - Charon and Psyche
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John Roddam Spencer Stanhope - Cupid and Psyche
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John Roddam Spencer Stanhope - Juliet and the Nurse
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John Roddam Spencer Stanhope - Love and the maiden, 1877 (1)
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John Roddam Spencer Stanhope - Love and the maiden, 1877 (1 bis)
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John Roddam Spencer Stanhope - Millpond
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John Roddam Spencer Stanhope - Orpheus and Euridice on the bank of the river Styx. 1878
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John Roddam Spencer Stanhope - Procris and Cephalus
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John Roddam Spencer Stanhope - Robin of Modern Times
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John Roddam Spencer Stanhope - The Expulsion from Eden, 1900 (1)
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John Roddam Spencer Stanhope - The gentle music of a bygone day, 1873
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John Roddam Spencer Stanhope - The labours of Psyche
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John Roddam Spencer Stanhope - The labours of Psyche (bis)
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John Roddam Spencer Stanhope - The Shulamite (2)
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John Roddam Spencer Stanhope - The Shulamite
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John Roddam Spencer Stanhope - The Waters of Lethe by the PLains of Elysium, 1879-80
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John Roddam Spencer Stanhope - The Waters of Lethe by the PLains of Elysium, 1879-80 (alternate)
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John Roddam Spencer Stanhope - The White Rabbit
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John Roddam Spencer Stanhope - Why seek ye the living among the dead_St Luke, 24_v5
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John Roddam Spencer Stanhope - Why seek ye the living among the dead_St Luke, 24_v5
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John Roddam Spencer Stanhope -The washing place
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