martes, 30 de septiembre de 2014

Principio y fin de la Pintura Flamenca: Rogier van der Weyden y Rembrandt van Rijn (IV) - GALERÍA: Rembrandt van Rijn (2)





Realidad e Imaginación conforman la moneda de la vida en la ceca humana.
Cara y cruz de una misma moneda, Realidad e Imaginación
comparten tiempo y espacio; y también comparten valor.
Imposible separarlas, imposible considerarlas aisladamente;
vano establecer su preeminencia: se justifican mutuamente,
y mutuamente se necesitan, pues de las dos se compone la conciencia humana.
De las cosas de este mundo. Héctor Amado.


Rembrandt en claroscuro
(Un relato imaginario en primera persona)

Primera Parte

.....Mi vista siempre fue excelente. Aún lo es. A mis sesenta y tres años miro alrededor y descubro con abrumadora nitidez los huecos, las ausencias, los vacíos dejados por todos aquellos a los que quise... Como una metáfora de la vida —de mi vida—, de lo que fuera una familia tan sólo quedamos este diminuto ser, sangre de mi sangre que recién inicia su singladura, y yo, que estoy al final de ella, llegando a puerto donde Caronte espera. Sus ricitos de oro, su carita mofletuda y sonrosada, su despreocupación rozagante, su fácil sonrisa,... son ajenos a todas estas ausencias. Lo que para mí resulta abrumador, para ella no es sino desconocimiento. Apenas sí es consciente de que ya no volverá a ver a su padre, mi hijo, Titus, el único que Dios quiso concederme llegar a ver adulto. Comienza la vida de mi nieta y la mía se acaba. Así son las cosas, principio y fin, inacabable carrera de relevos en el perpetuo ir y venir de la existencia.
.....Sí, mi vista sigue siendo excelente, no ha perdido nada de su agudeza; tampoco mi mente ha perdido su capacidad de penetración. Juntas, vista y mente, han sido protagonistas de una obra de la que me siento satisfecho; quizás no completamente (¡quién puede estar completamente satisfecho cuando no se logra plasmar en la realidad, con absoluta fidelidad, lo que se es capaz de imaginar!), pero sí razonablemente satisfecho. Mas, a pesar de que vista y mente continúan perfectamente funcionales, no puedo decir lo mismo de mi entusiasmo, de mi ilusión, de mis ganas por permanecer en la lucha. Lo que tenía que decir, considero que ya lo he dicho con la obra que dejo tras de mí. Lo que tenía que hacer, ya lo he hecho y dejado consignado en la memoria de los que me sobrevivirán; también en los anales que algunos, con más o menos acierto, con más o menos rigor, dejarán escritos acerca de mis peripecias en esta vida. Lo que tenía que disfrutar, a fe mía que lo disfruté hasta la saciedad; bien he tenido que pagar por ello, un precio a todas luces excesivo: al final del camino, cuando ya está cercano el último umbral, miro alrededor, con esta excelente vista que Dios me ha concedido, y me encuentro solo, completamente solo, salvo por esta niñita aún inconsciente de ser nieta de Rembrandt Harmenszoon van Rijn, pintor de la realidad, antaño celebrado y envidiado y hoy, en el mejor de los casos, compadecido.
.....Bien está que en este postrer momento de mi vida aproveche la quietud, sobrevenida a la soledad en que me encuentro, para reflexionar en voz alta. El eco de mi voz mitigará, así, el horrísono silencio amenazador, heraldo del gran Silencio.

.....Alcanzo a ver, con esta mi aguda visión, el tiempo en que eran el olfato y el oído, y no la vista, quienes registraba mis primeras impresiones sensoriales. El olor ubicuo a harina recién molida, al légamo de las riberas del río aledaño a la noria junto a la cual nací, a pan recién horneado, al lácteo pecho de mi madre; el sonido del molino, el insistente trun-trun de las piedras girando y girando sin parar, machacando y haciendo polvo los granos de trigo y de centeno (con dispar tono), el del agua chocando contra las palas de la noria, el chirriar del eje de ésta con cada giro, las cantinelas melodiosas que acunaban mis sueños... Son mis primeras impresiones complejas, las que despertarían a todas las demás: la vista, el gusto, el tacto, la imaginación... Tengo la sensación, muy clara, aunque no sé si muy certera, de que entre mis percepciones sensitivas y mi imaginación hubo siempre una muy estrecha relación. También la tengo de que las imágenes que mis ojos recogían del escenario de la vida, se fundían de una manera natural a la representación emocional con que yo las sentía en mi interior. Lo que descubriría después, unos años después, ya en la incipiente adolescencia, es que también poseía la capacidad —habilidad o destreza— para expresar de forma muy aproximada esa representación imaginaria —adecuada a la percepción sentida— de una forma gráfica.

.....He de agradecer a mis padres la formación recibida. Me valió ser el menor de nueve hermanos, pues ya los necesarios para colaborar en el negocio paterno habían nacido antes que yo. El negocio funcionaba bien, la economía familiar era holgada; éramos lo que se dice una familia acomodada. Y a mí me cayó en suerte cumplir la ilusión de mis padres, la de tener un hijo letrado, capaz de escalar la empinada cuesta de la clase social. Quién sabe si llegar a ser un día un burgués respetado. O quizás abandonar mi ciudad natal, Leiden, para recalar en la próspera Amsterdam o, por qué no, en la corte de La Haya. Sus sueños no se verían defraudados —en parte—, aunque no de la manera que ellos hubieran esperado. Tras estudiar en la escuela latina, con catorce años, me dispuse a entrar en la universidad. Y entré con una intención; pero al cabo de un año ocurrió algo, un descubrimiento decisivo. Descubrí una fuerte pulsión en mí, una especie de gran marea o maremoto que anegó todas mis previsiones y las de mis padres.
.....Mis hormonas, cumplido el ciclo de latencia, comenzaron a circular por mis venas en dosis masivas. Inundaban mi entrañas y estimularon mi imaginación. Fue como si hubiese cruzado el umbral que diera paso a otra realidad, a otro mundo, presente en este pero nunca antes atisbado. La mujer, hasta entonces representada por el cariño materno, por el celo de la niñera, por la presencia tranquilizadora de quien es solícito puntal familiar, comenzó a aparecer en mis sueños y mis ensueños de una manera turbadora y perturbadora —trastornando mi equilibrio emocional. Esa plétora emocional se traducía en una exacerbación de mi imaginación. Mis manos no pudieron sino facilitar la evacuación de tanta tensión: comencé a dibujar, a dibujarlo todo, todo aquello que percibía como amenaza y todo aquello que sentía como origen de un placer confuso pero patente. Fue en ese momento cuando descubrí el motivo por el cual yo había nacido: debía ser testigo —un testigo privilegiado— y cronista gráfico de la vida. Sentía una necesidad imperiosa de plasmar mis pletóricos sentimientos; de plasmarlos en forma de imágenes, de representaciones que reflejaran al mismo tiempo que la apariencia mi propio sentimiento de su naturaleza. Dibujar, grabar, pintar... en una palabra, consignar de forma indeleble la impresión singular que el ser humano (este ser humano que yo era) tiene de cuanto acontece o imagina, de cuanto sueña o realiza, de cuanto espera o de cuanto cree. Decidí dejar la universidad para dotarme de los conocimientos fundamentales necesarios para ser pintor. Emular a un Rubens, a un van Eyck, a un van der Weyden, a un Caravaggio, un Rafael o un Michelangelo,... Me creía capaz de todo, tal era el grado de excitación artística que a mis quince años se había enseñoreado de mí.

.....Mis padres, en un principio, sintieron frustración, pero en cuanto comprobaron que amigos autorizados avalaban este mi cambio de rumbo, me apoyaron sin reservas. Se eligió un maestro local afincado en Leiden, pintor de temas históricos principalmente y cronista oficial de la ciudad: Jacob van Swanenburgh. Era éste un buen profesor, capaz de aportarme todos los conocimientos básicos sobre pintura, sin la inconveniencia de un estilo demasiado característico. Tres años pasé en su taller, en los que aprendí los fundamentos del dibujo y el grabado, del diseño y la composición, de las perspectivas y los planos, de la geometría espacial y la distribución armónica de los espacios, de la mezcla de pigmentos y de la asociación de los colores, de los focos de luz y la importancia de las sombras, del claroscuro... Todo lo asimilé con facilidad asombrosa, como el que aprende a andar o a respirar, de forma natural. No parecía sino que todos aquellos conocimientos ya preexistieran en mí, como facultades dormidas, y lo que estaba haciendo era despertarlos. Conseguí domeñar y encauzar esa plétora hormonal hacia la adquisición del saber necesario para mi futuro, para un destino que me estaba reservado (yo así lo sentía, a medida que descubría mi facilidad para expresar lo que absorbía, cada vez con mayor claridad).
.....Cumplidos los tres años consideré completada esta fase básica de formación. Debía avanzar un paso más y colocarme bajo la enseñanza de un pintor más representativo y personal, más singular, más genial; alguien que, además, estuviera al tanto de las últimas novedades que llegaban de Italia (la gran patria de la pintura). Con buen criterio se eligió a Pieter Lastman, un pintor estimado y reconocido, con taller en Amsterdam. Esto me proporcionaría, por añadidura, el contacto con la gran ciudad, donde no sólo el arte, sino el comercio y los negocios florecían como en ninguna otra de Holanda. Me terminaría de formar profesionalmente como pintor y a un tiempo establecería relaciones en el importante mundo artístico que flotaba en medio de aquel florecimiento económico y cultural, extrayendo su sustrato vital de los beneficios que una tal economía floreciente generaba sin descanso. Era la Edad de Oro de nuestro país, Holanda, y eso se notaba en todos los órdenes. Disputábamos a españoles e ingleses la hegemonía en los mares, y a franceses e italianos la preeminencia en el arte. Nuestras finanzas estaban no sólo saneadas sino que dominaban a las de todas las potencias. Amsterdam era la ciudad. La mejor opción para acabar convenientemente mi formación y disponer de la mejor manera posible mi entrada en el mundo del arte. Un mundo al que ya, de forma un tanto engreída —ahora lo valoro así, a la distancia—, creía poder encandilar a base de pinceladas de mi genio.

.....Seis meses trabajaría bajo la tutela de Lastman, y durante ese tiempo no dejaba de escuchar una voz propia que quería manifestarse tras las pinceladas aprendidas, imitativas. Yo la escuchaba, pero la refrené: aún no es hora —me decía—, no antes de poseer todos los resortes necesarios, todas las herramientas, todos los conocimientos. Sólo una disciplina rigurosa, ejercida en las primeras fases de todo aprendizaje, capaz de sujetar la lógica inclinación que uno siente a tomar la propia senda, puede hacer que un día verdaderamente la encontremos, de lo contrario, el extravío en un estéril ensimismamiento es casi seguro. Decidí seguir con el proceso gradual, interiorizar lo aprendido, hacerlo mío, y sólo después dejar hablar libremente a mi intuición, a mi propio genio. No de otra manera ha actuado, desde que el mundo es mundo, quien ha llegado a alcanzar las más altas cotas de su arte, sea cual sea la disciplina (así, mi primera obra públicaLa Lapidación de San Esteban, terminada en 1626, puede contemplarse como una mezcla de caravaggismo nórdico y barroquismo flamenco; poco hay en él, a parte de la insolente facilidad, de mí mismo).
.....Transcurridos los seis meses con Lastman retorné, en 1624, seguro de mí mismo y de lo que quería y podía hacer, a Leiden. En mi ciudad natal compartí taller con mi buen amigo Jan Lievens (otro amante del claroscuro). Pronto me di cuenta que la mejor manera de progresar era por medio de los retratos, para los que me encontraba especialmente dotado. El mismo Jan se asombraba de mi facilidad para aplicar sobre un plano matices que correspondían al universo de lo indeterminado, es decir, al mundo de la emoción. ¿Cómo lo consigues? —me decía, mientras miraba arrobado una de mis obras. Y yo, la verdad, no creía poseer ningún don especial, pues no hacía sino plasmar mediante pigmentos, aplicados por intuición, una especie de fusión que se realizaba en mi mente entre la figura percibida y la impresión emocional que esa figura me transmitía. Yo sólo traducía mi sentir. Es que pintas sentimientos —me repetía, una y otra vez, Jan—, y los pintas con una grado de exactitud y veracidad que raya en lo inverosímil; nadie es capaz de retratar así, amigo mío. Y entraba en una especie de depresión creativa durante varios días, de la cual salía diciéndose a sí mismo (dictamen que, de forma elogiosa, compartía conmigo) que, al fin y al cabo, yo era un genio entre mil, sólo comparable, quizás al gran Rubens, por lo cual vano era deprimirse.
.....Para conseguir ingresos regulares, dos años después decidí admitir alumnos, entre ellos un chico prometedor del que luego me sentí orgulloso, Gerrit Dou. Y descubrí, de paso, algo muy importante: yo seguía aprendiendo a medida que lo hacían mis alumnos, me exigía a mí mismo un rigor como profesor que redundaba en beneficio de mi progresión como artista. Aprendí a mirarme a mí mismo desde fuera, y, al hacerlo, aprendí a mirar a los demás sin prejuicios, lo que me facilitó esa labor de penetración psicológica que tanto se me reconocería.

.....Un día del año 1629 apareció por el taller un personaje eminente, se trataba de Constantijn Huygens, diplomático y hombre de estado con estrechas relaciones en la Corte de La Haya. Hasta entonces mi progreso profesional, siendo sólido, era gradual; mi fama comenzaba a correr de boca en boca en los ambientes cultos e institucionales de Leiden, quizás, incluso, a traspasar la frontera local para arribar a Amsterdam y Utrech, pero ¿La Haya? ¿La Corte? La aparición del prohombre fue proverbial, mi suerte tomó un impulso decisivo. Los encargos comenzaron a menudear desde la Corte. Tuve que acortar los plazos que yo mismo me había dado. Leiden, con ser una gran ciudad, se me quedaba pequeña. Amsterdam me atraía con fuerza. Allí estaba el futuro, el del arte y el profesional. Allí el dinero fluía con tanta prodigalidad como el agua de lluvia por la piedra pulida. Sí, Amsterdam me esperaba para ofrecerme una parte suculenta de su frenesí próspero. A finales de 1631 di el salto: me trasladé a nuestra Venecia del Norte. Mi vida estaba a punto de sufrir un fenomenal cambio. Ni yo mismo podía imaginar lo que sucedería en los diez próximos años.

(continuará)

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GALERÍA


Rembrandt Harmenszoon van Rijn
1606-1669

PINTURA

OLD TESTAMENT PAINTINGS

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Tobbit accusing Anna of Stealing the Kid, 1626
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Tobbit accusing Anna of Stealing the Kid, 1626
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Balaam's Ass, 1626
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Balaam's Ass, 1626
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David before Saul with the Head of Goliath, 1627
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Samson betrayed by Delilah, 1628
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Samson betrayed by Delilah, 1628
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David playing the Arp to Saul, 1628-29
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Jeremiah lamenting the Destruction of Jerusalem, 1630
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Jeremiah lamenting the Destruction of Jerusalem, 1630
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Esther preparing for the meeting with Ahasueus, 1633
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Joseph telling his Dreams, 1633
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Daniel and Cyrus before the Idol Bel, 1633
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Daniel and Cyrus before the Idol Bel, 1633
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Judit en el Banquete de Holofernes, 1634 (Museo del Prado)
(a.k.a.: Sophonisba Receiving the Poison Cup, and Artemisia Receiving Mausolus Ashes)
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Judit en el Bnaquete de Holofernes, 1634 (Museo del Prado) (detail)
(a.k.a.: Sophonisba Receiving the Poison Cup, and Artemisia Receiving Mausolus Ashes)
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Judit en el Banquete de holofernes, 1634 (Museo del Prado) (detail of the Nautilus Cup)
(a.k.a.: Sophonisba Receiving the Poison Cup, and Artemisia Receiving Mausolus Ashes)
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Sacrifice of Isaac, 1635
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Belshazzar's Feast, 1635
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Belshazzar's Feast, 1635
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Samson accusing His Father-in-Law, 1635
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The blinding of Samson, 1635
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The blinding of Samson, 1635
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The blinding of Samson, 1635
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Susanna at the Bath, 1636 (true color, Mauritshuis)
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Susanna at the Bath, 1636
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Tobit is Healed by His Son, 1636
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The Archangel Raphael leaving the Family of Tobias, 1636
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The Archangel Raphael leaving the Family of Tobias, 1636
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The Wedding of Samson, 1638
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The Wedding of Samson, 1638
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Biblical Scene, 1642
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David and Jonathan, 1642
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The Toilette of Bathseba, 1642
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Tobit's Wife with the Goat, 1645
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Tobit's Wife with the Goat, 1645
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Susanna and the Elders, 1647
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Susanna and the Elders, 1647
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Susanna and the Elders, 1646
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Abraham and the three Angels, 1646
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Bathsheba at Her Bath, 1654
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Bathsheba bathing, 1654
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Joseph accused by Pottifar's Wife, 1655
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Joseph accused by Pottifar's Wife, 1655
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Jacob blessing the Children of Joseph, 1656
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Jacob blessing the Children of Joseph, 1656
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Saul and David, 1655-60
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Tobit and Anna, 1659
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Tobit and Anna, 1659
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Jacob wrestling with the Angel, 1659
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Moses breaking the tables of the Law, 1659
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Moses breaking the tables of the Law, 1659
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Ahasuerus, Aman and Esther, 1660
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David and Uriah, 1665
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NEW TESTAMENT PAINTINGS
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The Stoning of St Stephen (La Lepidation de Saint Etienne), 1625
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Christ Driving the Moneychangers from the Temple, 1626
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Christ Driving the Moneychangers from the Temple, 1626
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St Paul in Prison, 1627
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Simeon and Anna Recognize the Lord in Jesus, 1627-28
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The Scholars disputing or The Old Man disputing (St Peter and St Paul), 1628
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Judas Repentant, Returning the Pieces of Silver, 1629
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Supper at Emaus, 1629
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St Paul at His Writing-desk, 1629-30
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Travellers Resting (The Rest on the Flight into Egypt?), 1629-30
(true colors, Muaritshuis, La Hague)
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The Raising of Lazarus, 1631
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Presentation of Jesus in the Temple, 1631 (true colors, Mauritshuis)
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Presentation of Jesus in the Temple, 1631
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Presentation of Jesus in the Temple, 1631
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Presentation of Jesus in the Temple, 1631
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Apostle Peter in Prison, 1631
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Christ in the Storm on the Sea of Galilee, 1633
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PASSION SERIES

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The Raising of the Cross, 1633
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The Raising of the Cross, 1633
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Christ on the Cross, 1631
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The Descent of the Cross, 1632-33
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The Descent of the Cross, 1632-33
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The Entombment, 1635-39
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The Resurrection, 1635-39
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The Ascension, 1636
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The Entombment, 1633-35
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The Entombment, 1633-35
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Ecce Homo, 1634
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The Incredulity of Thomas, 1634
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Descent from the Cross, 1635
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John the Baptist preaching, 1634-35
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John  the Baptist preaching, 1634-35
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The Lamentation, 1634-35
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The Rising Christ appearing to Mary Magdalene, 1638
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Apostle Paul, 1635
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The Holy Family, 1634
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The Visitation, 1640
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Christ and Adoulterous Woman, 1644
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Christ and Adoulterous Woman, 1644
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Joseph's Dream, 1644
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The Holy Family with Angels, 1645
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The Holy Family with Angels, 1645 (detail)
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The Holy Family with Angels, 1645
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The Holy Family with a Courtain, 1646
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The Adoration of the Sepherds, 1646
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The Adoration of the Sepherds, 1646
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The Rest on the Flight into Egypt, 1647
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The Rest on the Flight into Egypt, 1647
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The Supper at Emaus, 1648
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Head of Christ, 1648
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Head of Christ, 1648-56
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The Dream of Joseph, 1657
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Christ of the Woman of Samaria, 1659
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The Denial of Peter, 1660
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The Denial of Peter, 1660
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The Apostle Bartolomew, 1657
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The Apostle Paul, 1659
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Christ Resurrected, 1661
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Virgin of Sorrows, 1661
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Virgin of Sorrows, 1661
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St Mattew and the Angel, 1661
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The Apostle Bartolomew, 1661
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The Apostle James the Major, 1661
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The Apostle Simon, 1661
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Simeon with the Infant Jesus in the Temple, 1669
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The Return of the Prodigal Son, 1666-69
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The Return of the Prodigal Son, 1666-69 (detail)
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The Return of the Prodigal Son, 1666-69 (detail)
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The Return of the Prodigal Son, 1666-69 (detail)
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