domingo, 1 de marzo de 2015

El Eterno Femenino en la Escultura (X) - GALERÍA: Escultura Criselefantina (3). Josef Lorenzl


  



El Eterno Femenino en la Escultura

Reflexiones esculturales

Reflexión 7: Escultura criselefantina
Josef Lorenzl: del marfil casto al erótico bronce

.....Es Josef Lorenzl uno de esos artistas poseedores de una curiosa bipolaridad creativa. Como si el marfil, para él, tuviere un personal significado de pureza, todas las esculturas (a las que el autor de esta entrada ha tenido acceso) criselefantinas —marfil y bronce— salidas de sus manos, centradas en la mujer casi en exclusiva, la presentan decorosa o exóticamante vestida: el marfil se remite a la cabeza, lo más el busto, y el resto del cuerpo, siempre más o menos (fantástica o exóticamente) vestido, es bronce. En cambio, en sus bronces deja explayar su imaginación y su fantasía en pos de una recreación sugerente y elegantemente erótica de la mujer desnuda; en ocasiones bajo la apariencia de una estilización etérea, que asimila el erotismo subyacente a una sensibilidad altamente sofisticada; en otras, el cuerpo, invariablemente perfecto, cobra turgencia y sensualidad para, sin perder delicadeza y clase, hacerse más exquistamente carnal. 
.....No es un escultor que pretenda epatar, tampoco que ansíe atraer la atención con las formas rotundas, antes bien parece dirigirse a espíritus que no se conforman con el aquí te pillo, aquí te mato, sino que es necesario, para estimularlos o excitarlos, apelar, no a su bajos instintos, si no a sus más altas ensoñaciones. Si Chiparus es el maestro de lo exótico, capaz de trasladar a escultura las imágenes de las Mil y Una Noches; si Preiss es la delicadeza y el refinamiento criselefenstino, la exaltación del cuerpo femenino; Lorenzl es el indiscutible virtuoso del bronce, el que mejor sabe insuflar en el duro metal toda la alígera sensualidad del cuerpo femenino.
.....Hay en las criselefantinas del austriaco Lorenzl la voluntad del mestizaje y la simbiosis, pero nunca alcanza, en esta técnica, la perfección y complejo amor al detalle de los citados rumano-francés y alemán. En cambio sus bronces, libres de la casta servidumbre al marfil, disfrutan de una audacia y un rigor a la hora de plasmar el cuerpo femenino que aquellos dos no logran, a su vez, igualar.

.....¿Por qué Lorenzl, siempre que ha realizado criselefantinas, ha prescindido del desnudo a la hora de presentar el cuerpo femenino y, en cambio, lo ha prodigado tanto en bronce? Ignoro la personal respuesta a esta cuestión, y, por lo tanto, no puedo sino remitirme a especulaciones sin otra base o razón que las que mi propio magín me sugiera. El marfil es un material muy apropiado para representar la piel desnuda del cuerpo humano, más aún la de la mujer (tradicionalmente, en la pintura clásica griega, la que decoraban ánforas y vasos, el cuerpo masculino se representaba más oscuro que el de la mujer: más o menos marrón o rojizo, aquél; crema más o menos clara, éste); se hace difícil llegar a comprender el porqué de este contrasentido (a la tónica tradicional), pero es un hecho. También se hace difícil concluir que hubiere (sin)razones meramente económicas (el marfil es un material lujoso y exclusivo), ya que el arte (el verdadero arte, se escriba o no con mayúsculas) no se para en mientes dinerarios. Por lo demás, se hace francamente arduo pensar en que el artista pudiera haber colocado cabezas o bustos de marfil a cuerpos desnudos en bronce. No, posiblemente la razón sea más simple y simplista, quizás hasta menos halagüeña para la habilidad técnica del escultor (hay que ser un especialista en la talla del marfil para extraer de él toda la sutileza de que es capaz). Lorenzl, por otra parte, tuvo una formación básicamente de tallador y fundidor en bronce. Pero, para acabar de liarlo aún más, resulta que realizó excelentes diseños en porcelana, trabajando para diversas —y exclusivas— marcas austriacas (Goldscheider, Hertwig, Keramos) como excelente ceramista. La razón de esta característica exclusión del desnudo en las criselefantinas, para mí, es un misterio, máxime cuando el autor es capaz de dar al cuerpo desnudo de la mujer un dinamismo esquemático y un realismo onírico pocas veces superado.

.....El estilo suyo, tan característico, estilizado y longilíneo, no supone un problema a la hora de dar forma a un material tan dócil al labrado —pese a su dureza— como el marfil; otros han habido que lo han tallado de semejante forma. Cierto es que, tratándose del cuerpo desnudo, la expresividad en el gesto y la variedad en las posiciones se vería limitado, si es que se quiere realizar la obra en una pieza y no a base de diversos fragmentos, por mucha habilidad que se pusiera en ello (la característica forma cónica del marfil no permitiría tallar en una pieza, a semejante tamaño, brazos y piernas separados del tronco, por ejemplo). Creo ésta la razón más poderosa y plausible de todas: la factibilidad a la hora de adecuar la idea, la creatividad, a la escultura, permitiendo la adopción de cualquier postura, escorzo o gesto sin más límite que la imaginación. De todas formas no acierto a comprender cómo no he podido hallar ninguna figura en marfil representando un desnudo femenino, así como Preiss o Chiparus las tienen.
.....Especialista del bronce, pues, y con estilo personalísimo, en el que podemos encontrarnos con diversas formas de representar el hecho artístico, en cuanto al desnudo femenino se refiere: por un lado unas figuras muy estilizadas, casi esquemáticas, irreales por cuanto los volúmenes tienden a la fuga, a estirarse más allá de lo plausible (algunos cuerpos dieran en parecer anoréxicos), son las imágenes que más se alejan del canon natural para adentrarse en la especulación intelectual; por otro lado nos encontramos con figuras más rotundas, de medidas realistas, con miembros y tronco proporcionados a lo que puede ser un cuerpo sensualmente bien formado; entre estos dos extremos se encontraría el grueso de su producción: figuras sensuales, algo alargadas, de curvas abiertas y sinuosidad elegante, en las que tanto los senos (más tendentes a lo cónico que a lo esférico) como las nalgas (de armoniosa delicadeza, levemente andrógina) tienden a conformar una figura ideal, que más apela al espíritu sensible detentador de sublimes pasiones, que al libidinoso sometido a imperio de las bajas.

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.....Ante la gran cantidad de bronces de su producción, y habiéndoseme revelado juiciosamente imposible realizar una selección, por cuanto la belleza es tanta que cometería una tropelía dejando fuera unas obras a costa de otras, he optado por recoger la extensa producción de Lorenzl en tres posts sucesivos: el primero, dedicado íntegramente a las criselefantinas; los otros dos a los bronces. Veremos cómo de un tema (una figura, una pose) establece una suerte de variaciones escultóricas (de modo semejante a una composición musical), como ya vimos en Preiss (Lighter than AirCon BrioDreams) o Chiparus (AntineaLes GirlsStarfish), no sólo por variación de la base o pedestal, sino realizando ligeras modificaciones en la posición de brazos o piernas.
.....Aquí sí que es posible dar un cierto crédito a aquella distinción de los críticos del arte en que tachaban al estilo germano (por contraposición al francés) como de factura más industrial que artesanal, ya que tanto las criselefantinas (reduciendo la presencia del marfil a la cabeza) como, sobre todo, los bronces, salvo raras y felices excepciones (donde aparecen vistosamente decorados por Crejo, pintor amigo del escultor), poseen un acabado sencillo de metal patinado (dorado oro, dorado broncíneo, más raramente marrón, y plateado en diversas tonalidades: estaño, plata, plomo o cromo), con ocasionales y leves toques de color en las figuras que portan algún complemento (como pañuelos, chales u otros objetos).
.....De todas formas, si de apariencia menos trabajada, las esculturas de Lorenzl poseen un diseño único y una personalidad innegablemente atractiva. Seremos testigos de ello durante los próximos posts.



Retratos escultóricos del Eterno Femenino


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La Mujer Criselefantina
(II)

.....Aquellos que las conocían sabían a qué atenerse cuando estaban con una u otra (si con Áurea o con Ivory). Hasta era una cuestión de curiosidad morbosa: ser testigo in situ de uno de esos cambios. Se podía comprobar entonces la leve, pero perceptible, variación en la tesitura de voz, en su coloratura, algo más grave en Ivory, más delicada y aguda en Áurea; asimilándose a una mezzosoprano dramática en la primera y a una soprano lírica en la segunda. La mirada se le rasgaba cuando Áurea cedía su lugar a Ivory, y las aletas de su recta nariz, en Áurea impertérritas, se movían cuando Ivory entraba en escena con graciosos y reflejos movimientos, semejantes a los de una pantera husmeando el aire en busca del revelador olor de la presa. La balanceada elegancia, llena de sofisticada gracia, de Áurea tornábase en Ivory felina agilidad y flexible tensión. Uno no podía imaginarse a la estilosa y distinguida chica dorada realizando un movimiento espasmódico o un cambio de ritmo inesperado, su santo y seña parecía ser la mesura, el equilibrio, la calma aristocrática; en la ebúrnea alternativa, en cambio, fácil era maravillarse con ese su moverse de un lado a otro con la ágil naturalidad propia de uno de esos animales salvajes atentos a cualquier oscilación del entorno. Si la una cautivaba, la otra arrebataba, y era toda una suerte asistir como testigo a una de esas permutaciones de su personalidad: el afortunado sentíase así que estaba ante dos mujeres diferentes, e igualmente cautivantes (aunque desde personalidades bien diferenciadas). No puedo decir que dicho afortunado, sobre todo si se trataba de la primera vez que pasara por dicho extraño trance, quedase perplejo, o, más bien, estupefacto, ante la transformación de aquella mujer acaecida ante sí. Dicha permuta solía tomarse, en estas primeras ocasiones, por un juego o una simulación, un mero divertimento, vamos; cuando se caía en la cuenta de que iba en serio, que Áurea (o Ivory) se transformaba a ojos vista en Ivory (o Áurea), el infeliz afortunado tenía dos opciones: o salir corriendo sin mirar atrás, o disfrutar de la inconmensurable suerte de tal prodigio (¡cielos, dos por el precio de una!).

.....¿Qué tenía de extraño que siendo aún una niña, ya de vuelta de su estancia en la jungla polinesia, causara una justa preocupación en quien la tratara? A su padre podría divertirle, podría hasta hacerle gracia o causarle un asombrado regocijo (propio del orgullo de padre), pero a las autoridades académicas (pues fueron ellos quienes repararon en ello, con mayor seriedad), más que diversión lo que les causó fue estupor e inquietud. Esa facilidad para cambiar de registro identitario en una tierna infante de seis años no era nada común; lógico fue por tanto que se encendieran todas las alertas educativas. Se la sometió, de manera informal y desapercibida, a controles psicológicos durante su primer año de escuela; después se le harían reconocimiento periódicos, ya interesadas las autoridades médicas, además de las académicas. Lo único que se sacaría en claro era que, efectivamente, la personalidad de Áurea, sin mediar estímulo o situación concreta alguna, sin desencadenante aparente, se transformaba y daba paso a otra diferente (que todos admitieron como Ivory, tal y como la rebautizara, más en broma que con rigor significativo, su padre en sus andanzas polinésicas). Simplemente —se determinó— se trataba de un extraordinariamente raro caso de TID, un caso de bipolaridad puro, prístino, el más nítido jamás detectado.

.....Con los años la excepcionalidad y lo extraordinario dio paso a la normalidad. Todos (compañeros de colegio, profesores, amigas y amigos del barrio) acabaron por aceptar esa peculiaridad bipolar de Áurea/Ivory. Los reconocimientos médico-psicológicos (a los que se sometía Áurea con una actitud inicialmente divertida, para pasar a ser claramente irónica, cuando no sarcástica) se fueron espaciando cada vez más, hasta que ya bien entrada en la adolescencia, y al comprobar que tal trance no modificaba, ni poco ni mucho (para decepción de lo que algunos sesudos psiquiatras esperaban), el síndrome, se decidió suprimirlos, recomendando retomarlos sólo en caso de variación en las pautas habituales (que, por cierto, no seguían ninguna pauta preestablecida, ni periodicidad concreta).
.....Así es que tenemos a nuestra heroína criselefantina viviendo una doble vida como si fuera sólo una, pero siendo dos. Para quien, sin conocerla, visitara su casa, entrara en su dormitorio y abriera su armario, no le cabría ninguna duda de que allí vivían dos chicas, y no una; y sin duda esperaría la llegada de la amiga, pues el interés se suscitaría de inmediato ante lo diferente del estilo de una y otra a la vista de tan dispar vestuario: elegantes vestidos sueltos y trajes sastre de chaqueta compartiendo espacio con camisetas de diseño casual y pantalones vaqueros ajados; sobrios zapatos de tacón y botines acharolados junto a artesanales sandalias alemanas y zapatillas sin cordones; bolsos discretos pero estilosos junto a bolsas bandolera de telas de vivos colores o mochilas street fashion.

.....El baño o la cocina eran igualmente delatores de las dos personalidades que los usaban, aunque no era fácil, en ningún caso, hallar en el armario del closed un secador, por ejemplo, pues que a ninguna de las dos le gustaba (a una porque hería su melódica sensibilidad; a la otra por creerlo innecesario e, igualmente, horrísono).
.....El biomüsli compartía estantería con las galletas de fibra y en el frigorífico nunca faltaba el yogur griego junto al kéfir. En la panera convivía el pan de pueblo con los biscottes, y en el frutero la fruta del tiempo, de cultivo orgánico, con la exótica.
.....Un vistazo al salón también aleccionaba de la doble perspectiva de sus aparentes moradores: junto al cómodo y funcional sofá donde poder dormitar mirando documentales o visionando films en el televisor Bang & Oluffsen, un par de puffs donde sentarse con las piernas recogidas para realizar meditación trascendental mientras suena música new vawe o clásica. A ambas les encantaba la música clásica, aunque sus preferencias, obviamente, diferían: Áurea amaba a Mozart, Brahms, Beethoven, Bruckner y Mahler; coincidían eso sí, en el divino Johann Sebastian Bach, pero Ivory era una devota del Barroco y del impresionismo musical (Debussy, Satie), sin desdeñar a Stravinsky. En cuanto a la música moderna, Áurea era de Beatles e Ivory de Stones; Áurea más del segundo Pink Floyd, e Ivory del primero; la una prefería el soul la otra el hip-hop; ambas volvían a ponerse de acuerdo en cuanto al rock independiente: más guitarrera Ivory (My Bloody Valentine, Joy División, Sonic Youth), más dreamy Áurea (Yo la Tengo, Belle and Sebastian, Cocteau Twins).
.....En resumidas cuentas, Áurea/Ivory era un caso digno de reflexión, y no sólo por lo que tenía de curioso, sino por lo que mostraba de ejemplar...

(continuará)



GALERÍA

ESCULTURA CRISELEFANTINA (3)

JOSEF LORENZL
1892-1950

(1)
 Criselefantinas

 Arms Raised

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Barbella

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Bat Dancer

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Bella


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Brigitte


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Con Brio V

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Con Brio VI

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Courtesan

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Courtsy


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Dancer

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Elegant Dancer

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Exotic Dancer

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Fancy Dancer 1

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Fleurette



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Flowing Cape

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Frilly Skirt

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Frilly Skirt 2

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In Full Flow

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Isabella

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Jean

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Joy

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Katrina

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Kursty

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Lady with Parrot

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